El juego entre cenizas.

Dos ojos de noche alumbran el absoluto.

En la estela de humo un sonido de alerta

lamento no acabado,

me llevó al túnel intransitable.

El aletear de su cola,

presagiaba la travesía lenta

al cauce del salto entre tapiales.

El juego de corazones comenzó:

sin luz en la cancha de juego

patean la bolita personajes misteriosos,

arcángeles seductores soñadores,

luciérnagas ebrias de vodka,

ogros flamantes de autoridad,

enanos impotentes de cariño,

serpies en manipulación de la esfera,

ninfas resbalando en orgullo,

glotonas valquirias ignorantes,

serafines vírgenes en vida.

Enlodados en el juego de tener flamante presa

que se convierte en ceniza.

Mientras la gata y yo no paramos de girar

por alcanzar nuestra cola, lejos de toda realidad

soplando los residuos calcinados del amor.

El juego finaliza cero a cero: ninguna piel ha caído

por llegar a la portería del corazón.

 

La niña de la ventana

La niña de la ventana

Un sueño tras otro sueño:

ella mira por la ventana

un mundo incierto que escapa desde su vida interior.

Aún tiene muchas preguntas y aladas las esperanzas

por sentir con baile de pies

que historias imaginadas se vuelven realidad en marcha.

A sus ojos café profundo otro escenario llama

es muy valiente la niña que mira por la ventana

sobrevuela la vida, más allá de angustia en entrañas

un toque de ternura cuando la miramos abarca.

Conozco la balada en oración de la niña de la ventana

sobrellevar el dolor que a la familia marca,

tolerar los desencantos desde su corta infancia

y sembrar con sonrisa y llanto ilusiones aladas.

Ayer tomé de la mano a la niña de la ventana,

y me la apretó más fuerte para que no la soltara,

pero también presentí como su pecho temblaba.

En ella están todas las hijas

que miran por la ventana,

las que serán faros del mundo,

maripositas atadas.

La mujer de la llamada.

La mujer de la llamada.

Amanece y abro el baúl de los colores para vestirme de impresión

es nuevo día y coloco los pétalos en el lugar justo

de cada parte de mi cuerpo,

lista para iniciar el festival diario.

Enciendo la música jacarandosa del ejercicio matutino.

Mi bolso de flores combina con zapatos alados

y soy por un momento la ninfa de los deseos.

Veo en el espejo la dicha de mujer en plenitud.

Abro el balcón de la calle para regar geranios:

la cámara del vecino sigue los movimientos.

Salgo a la banqueta:  segunda vuelta del vehículo

Blanco, vidrios oscuros, sin números.

Cierro la puerta de casa: acaban de macarla con un símbolo.

Regreso, olvidé el celular: hay un hombre extraño en la esquina,

el perro del vecino ladra y me acompaña.

Tomo el aparato: una llamada de un número desconocido.

Investigo el signo de la marca: casa con mujer soltera, adulta.

Cierro el balcón, quito macetas, intento tapar la marca,

me visto de negro,

vacío el bolso de las ilusiones,

tiro los pétalos de las rosas a la basura,

coloco cortinas oscuras. Cubro espejos.

Bloqueo llamadas, borro imágenes del tiempo,

guardo silencio, me quedo en casa,

apago la luz.

 

 

Otras lenguas

Otras lenguas

Mónica Reveles Ramírez

Ella habla un dialecto desconocido

propio de la entrepierna y áreas circunvecinas,

el vaivén de su coquetería

induce a la conjugación de las lenguas.

 

Y no estamos en Constantinopla,

pero sí, solos en el  tamiz

donde las sensaciones juegan su ajedrez

y los vasos de agua se vacían

por la precipitación de ver caer las piezas

de partida que inicia:

el centro es la clave de efusión,

todo acata fuerza en la caricia

y entendimiento de las lenguas.

 

Incendiar los precipicios somáticos,

conjugar el verbo de un nombre

que incite exploración ajena.

 

Bailotea mientras reclama

o hace señas desde la oscuridad por donde asoma:

como eco de sirenas, hipnotiza,

y sábanas son jardines, arena y  erguidas olas.

 

Ella es la provocadora de la veta de un río

que se anuncia a las entrañas,

el orgasmo perpetuo en su vaivén

ingresa segura a cavernas

para extinguir tiempos de ciclones.

 

Como un marino seguro,

que se guía por estrellas

luce su mascarón de proa

por aguas mansas nuevas.

 

Y mientras los vasos de agua

o vino corporales se vacían

perdemos el aliento de vernos satisfechos,

por el expresión difusa de otras lenguas.

 

Desde el goce de su caverna,

nos observa:

juega con nuestro tiempo,

se lo lleva y presuntuosa,

nos olvida.

Sembradores

Sembradores.

Se nos ha dado la tierra.

inicia el rito del deseo.

Nos buscamos,
con la ansiedad del que no ha respirado muchas horas.
Tomas mis manos,

y vas más allá, jalándome para llevarme a tu cuerpo
que de nuevo enciende y me siento en tu árbol de mil ramas.

 

Me besas, con tu deseo de hombre
en nuestras ansiedades de explorarnos,
para encontrarnos, nos atamos uno de otro
para no perdernos
y estas tras de mi
yo dispuesta a tu entrega,
ángel guardián,

hombre que me arropas como ser de sol,
inicia el estremecimiento:
un temblor sucumbe la tierra
hay un nuevo inicio mientras buscamos el refugio
que nos hable de nosotros mientras pasa el cataclismo.

Miras

nos perdemos al encontrar la morada
tus manos han recorrido las extremidades,

y el temblor de tierra me divide.
y mi lengua que te ansia, y sigue a cada poro,
a tu hombría
al inicio de todas las historias.

Entras en mi cuerpo,
completo, sin plan a seguir,

o prejuicio de programas.

Pleno. Todo.
Vas más allá de ti,

a donde esos ojos y estas manos

que exploran de lado a lado
descubren sus grietas
y las sellas con amor profundo,
con el éxtasis de esta media-tarde
de noches de insomnios húmedos
en voz que despliega mis orgasmos
desean gritar desde la celda pálida,
que se encuentran con un rostro
sintiéndose en tu cuerpo,
y sigues explorando mi pecho,
cuando te acaricio el lado izquierdo
abrazo en fuga,
para seguir en esta danza sin fin

tras los espejos.

La Maleta

Hay personas que pierden la maleta

con el viaje de su vida.

A otras personas se nos perdió la vida
en el viaje que teníamos colocada la maleta.

Y tenemos la maleta,
el boleto del viaje
pero no la vida.

Estoy buscándola hace tiempo
dicen que anda siguiendo tempestades:
la espero con esta maleta abierta,
por si vuelve,
para hacer un viaje de subida

y tener presente

que cada día

se nos da una maleta

para cada vida.