Sembradores

Sembradores.

Se nos ha dado la tierra.

inicia el rito del deseo.

Nos buscamos,
con la ansiedad del que no ha respirado muchas horas.
Tomas mis manos,

y vas más allá, jalándome para llevarme a tu cuerpo
que de nuevo enciende y me siento en tu árbol de mil ramas.

 

Me besas, con tu deseo de hombre
en nuestras ansiedades de explorarnos,
para encontrarnos, nos atamos uno de otro
para no perdernos
y estas tras de mi
yo dispuesta a tu entrega,
ángel guardián,

hombre que me arropas como ser de sol,
inicia el estremecimiento:
un temblor sucumbe la tierra
hay un nuevo inicio mientras buscamos el refugio
que nos hable de nosotros mientras pasa el cataclismo.

Miras

nos perdemos al encontrar la morada
tus manos han recorrido las extremidades,

y el temblor de tierra me divide.
y mi lengua que te ansia, y sigue a cada poro,
a tu hombría
al inicio de todas las historias.

Entras en mi cuerpo,
completo, sin plan a seguir,

o prejuicio de programas.

Pleno. Todo.
Vas más allá de ti,

a donde esos ojos y estas manos

que exploran de lado a lado
descubren sus grietas
y las sellas con amor profundo,
con el éxtasis de esta media-tarde
de noches de insomnios húmedos
en voz que despliega mis orgasmos
desean gritar desde la celda pálida,
que se encuentran con un rostro
sintiéndose en tu cuerpo,
y sigues explorando mi pecho,
cuando te acaricio el lado izquierdo
abrazo en fuga,
para seguir en esta danza sin fin

tras los espejos.

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